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Una mirada alrededor

Canfranc, penúltimo réquiem

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Óleo de Marcela García


Envolventes recuerdos de traqueteo en los despintados asientos de madera. Mujeres con grandes cestones repletos de pollos desconocedores de su gastronómico destino. Cajas grandes, pequeñas, atadas con un cordel de imposibles nudos. Mujeres orondas, coloradas, con sonrisa permanente mientras ofrecían una tajada de pan de moños y una chulla de tocino blanco -“d’o tozín de casa”, anunciaban-. Aromas hogareños y desconocidos, sugestivos y pestilentes. Y la aventura tragicómica del tren detenido mientras los viajeros, con palas misteriosamente aparecidas, descubrían los roñosos raíles y las traviesas carcomidas bajo montículos de nieve helada.

Y la vieja estación. Siempre vieja. Con ese aire de dama venida a menos, llevando con dignidad -y pena, tanta pena- sus desastrados ropajes, como la inolvidable Lila Kedrova en aquella condescendiente película de Hitchcock.

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3 comentarios

Una mirada alrededor -

Efectivamente, Avería, se trata de un lugar precioso, propicio para los sueños. Pero la Administración carece de ojos con una buena perspectiva.

Yo también leí la noticia que comentas, Sands; trataba sobre intercambio de wolframio y oro entre el gobierno de Franco y los nazis. Puedes consultar en http://www.todotrenes.com/Noticias/verFichaActualidad.asp?Actualidad=197.
Cordiales saludos a ambos.

Sands -

Estuve en Canfranc hace un par de veranos y esa estación está de pena. Leí una noticia sobre un francés o inglés que había econtrado documentos de la guerra allí. ¿Sabes algo de esto?
Salu2.

Averia -

Pues sí que esta descuidada la estación esa, sí. Y es una pena porque parece un lugar muy hermoso.
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