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Una mirada alrededor

Oreando antiguas leyendas

Lewis Buckley

Fotografía de Lewis Buckley


-Tendría que volver a repicar la Campana de Huesca-, afirma Obarra, una gata persa azul con el afán de protagonismo de Pilar Rahola, el vocabulario de María Jiménez y la falta de escrúpulos de Idoia López Riaño.

Obarra, dictadora suprema del tejado merced a sus espectaculares uñas retráctiles, practica un eclectismo dosificado que la hace declararse nacionalista, independentista y comunista con el mismo efecto neutro en la modulación de su voz que la veterinaria del Barrio cuando comunicó que el Sarnoso, el más verterano de los gatos errabundos, padecía encefalopatía espongiforme felina y, consecuentemente, era reo de muerte.

Por primera vez, tras meses de obligada vecindad -mi atalaya se abre a su tejado- nuestras reflexiones discurren parejas mientras elaboramos, con ironía no exenta de cierta maldad, un riguroso listado de testas campanilleras.

-Tendremos problemas con el badajo-, me dice clavando sus chispeantes ojos grises en los míos.- ¿A quién ponemos? ¿A Marcelino Iglesias o a José Ángel Biel?
-Podemos hacer dos…
-¿Dos badajos…?
-No. Dos campanas.

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