Paisaje con figuras

"New Forms.- Arno Rousseau": Philippe Abril
Ayer finalizaron las obras de demolición de Casa Palomeque. Únicamente la fachada, con sus portentosas ventanas ojivales y el laborioso artesonado bajo los alféizares y balconadas, seguirá enseñoreando la plaza y recordando a la buena de doña Marina, dama entre las damas, -"la última de los Palomeque", como se la llama siempre-, asilada con las monjas de la capital y memoria perenne, a sus noventa y ocho años, de los aconteceres del Barrio.
Aún se habla en el Barrio del viejo Palomeque, el padre de doña Marina, un buhonero que recorría la comarca portando, sobre un armazón de madera colgado a la espalda, sus pequeñas mercaderías -cordones, botonaduras, cuerdas, lamines, telas…-; aunque, cuentan, su mejor negocio fue matrimoniar con la dueña de la tahona, huérfana y viuda a cuenta del cólera, que no tardó en fallecer, víctima de fiebres puerperales, dejando al antiguo buhonero con un buen patrimonio que administrar y un bebé, doña Marina, cuya sola existencia fue suficiente para perdonar los continuados desmanes del padre. Porque, conforme se disparaba la insensatez del viejo Palomeque -dipsómano, mujeriego y despilfarrador-, crecían las virtudes de su hija, a la que se apreciaba con tanto fervor que los trabajadores de la casa se mantenían en sus labores pese a que los jornales les llegaban exiguos y con demora.
La casa de los Palomeque, surgida del desvarío del nuevo rico, fue, en su época, lugar de reunión de rentistas y pisaverdes a los que, de vez en cuando, se unía algún prestamista, más preocupado por el cobro del último pagaré firmado por el viudo que por las juergas que se corrían los señoritos que ayudaban a gastar los últimos cuartos de la hacienda.
Doña Marina, entre tanto, se refugiaba -con sus labores de bordado- en el jardín, en un templete donde, junto a un vistoso cenador, había instalada una pajarera de grandes proporciones en la que moraban exóticos pájaros que, poco habituados al clima, terminaban muriendo o -al decir de alguna criada- escabechados en la cazuela en los tiempos -que los hubo- de gran ostentación en la vestimenta pero escasa pitanza.
A la muerte de Palomeque -todavía joven pero brutalmente desgastado por los años de exceso- sólo pudo salvar su hija la propiedad de la casa y, aún con el cadáver caliente del padre, se vio obligada a deshacerse de muchos de los lujosos enseres domésticos que ornamentaban salones y alcobas.
En los años posteriores, doña Marina supo sacar provecho de los tiempos de opulencia de Casa Palomeque, cuando su padre, queriendo convertirla en una señorita de posibles, hizo que recibiera lecciones de solfeo, francés y bordado. Las hijas de las que un día fueron las criadas de Casa Palomeque se convirtieron en sus alumnas de piano y en el primer grupo de hábiles tejedoras, germen del actual, origen de una floreciente industria de artesanía en la que, de una u otra forma, colaboran todas las mujeres del Barrio.
Cuando doña Marina, mayor ya, se retiró, escrituró la casa como cesión al Barrio y buscó acomodo en una residencia de ancianos regentada por religiosas.
En el pleno del Ayuntamiento celebrado en el mes de septiembre, se decidió, con la participación asamblearia de todo el vecindario, construir un albergue en la que siempre será Casa Palomeque. Ahí sigue, tras los andamios que la sustentan, su original fachada. Respetada. Como ella, doña Marina, siempre pidió.
Tema: El gato en la atalaya.
Opiniones » Tú opinas...
Comentario de: froymario
Fecha: 12/01/2006 18:07.
Comentario de: Nicolás
Fecha: 13/01/2006 10:44.
Comentario de: almena
Sí.
Un abrazo grande
Fecha: 13/01/2006 15:03.
Comentario de: felipe
Fecha: 13/01/2006 20:39.
Comentario de: froymario
La segunda, me acordé con o que dicen NIcolás y Felipe, de alguna vez que visité un pueblito de por aquí, el tiempo parecía haberse detenido, como si hubiera tomado una fotografía del pueblo sobre la cual camina la sociedad moderna, estaba yo en un café con un amigo y empezó a llover a gotitas, mi amigo fumaba, la gente caminaba en la plaza, bueno que te diré, como dice alguien por ahi, a veces la vida de guiña un ojo...
Fecha: 14/01/2006 02:38.
Comentario de: froymario
Fecha: 14/01/2006 02:39.
Comentario de: Trini
Un abrazo
Fecha: 14/01/2006 15:10.
Comentario de: merin aspic
Hoy muchos matarían por poseer ese terreno... Como cambia el mundo.
Saludos
Fecha: 14/01/2006 15:52.
Comentario de: Una mirada...
Saludos.
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Por supuesto, Nicolás, no se puede juzgar el pasado con nuestro baremo actual.
Un saludo.
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Ay, Amena, Almena, que “treviesilla” eres…
Otro abrazo para ti.
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En el caso que nos ocupa, las circunstancias de esa casa sí que “pintaron el tránsito de una sociedad”, Felipe.
Saludos.
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He buscado ilustraciones de Madero y Carranza y tienes razón, Froymario: Se dan cierto aire.
Saludos.
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Supongo, Trini, que en el ámbito rural las antiguas “casas ricas” destacan más que si se hallaran en una ciudad, y eso hace que se tenga mayor conocimiento de todos los hechos que tuvieron lugar en o alrededor de ellas y sus dueños.
Un beso.
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No conozco Vigo, Merin Aspic, pero tomo nota de la indicación por si alguna vez tengo la oportunidad de visitar esa ciudad.
Saludos.
Fecha: 14/01/2006 16:57.
Comentario de: froymario
Fecha: 16/01/2006 01:27.
Comentario de: monocamy
Qué curioso... Todos, en algún momento, hemos soñado con la posibilidad de hacernos ricos y darnos una vida de fiesta y desenfreno... ¿este recuerdo dejaríamos, de llevarse a cabo, tal vez merecidamente? ¿la sensación de irresponsabilidad, locura o inmadurez? pues...
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Fecha: 17/01/2006 01:53.



