5/06/2005
Prisoner of Time

Composición artística de Marie Otero
La penúltima vez que el Sr. Hernández estuvo en Madrid fue cuando les dieron garrote a Savi Puig y a Heinz Chez. Las ascuas democráticas europeas y hasta Pablo VI -que no era demócrata pero sí consecuente con lo predicado por el Hijo del Jefe- se habían avivado hasta conformar una hoguera de considerables dimensiones, aunque ni una sola de sus llamas consiguiera lamer los portalones custodiados de las embajadas y consulados que el herniado general Franco había conseguido instalar en cada una de las capitales de la progresía -o contubernio judeomasónico, en lenguaje del régimen-. El Sr. Hernández únicamente supo que Puig y Chez eran anarquistas. Anarquistas, fíjese. De los que ponen bombas. De los que queman iglesias, violan monjas y castran curas. Al Sr. Hernández le señalaron el día y la hora de la partida y, allá que se fue, con el traje de las bodas -el mismo con el que había casado tres hijas- y sin más equipaje que el bocadillo de mortadela envuelto en papel de estraza que le entregó una señorita de luminosa sonrisa y manos regordetas.
Luego le dijeron que aquello era la Plaza de Oriente. Pero el Sr. Hernández ni siquiera fue consciente de la conformación del suelo que pisaba. Alzó la cabeza -y aun el brazo- cuando la vocecita del hombre del fajín recordó las sempiternas maldades de los enemigos de Dios y España, esos que se aliaban con los malvados rojos para destruir a la nación de naciones, al país de héroes, santos, apariciones virginales, heroicos militares, ardientes guerreros y amantísimas esposas.
El Sr. Hernández todavía recordaba aquel otro viaje mientras dormitaba sobre el asiento convenientemente echado hacia atrás del moderno autobús; alguien había regulado el aire acondicionado y la suave brisilla le daba, de refilón, en el rostro. El Sr. Hernández retenía en sus manos un botellín de agua de Lanjarón que le había dado, en la puerta del autobús, una jovencita de camiseta anaranjada y visera del mismo color. En esta ocasión no había habido bocadillo de mortadela. Pero su vecino de asiento, un muchachito de aspecto aseado, le había pasado una bolsita de bocabits, un folio DIN-A4 con la inscripción “(z)ETA(p), NO” y un rectángulo de tela con los colores de la bandera española y la silueta de un toro azabache sobreimpresionada.
"Nadie puede ni debe apropiarse de la causa de las víctimas o pretender protagonizarla. Nadie debe utilizar a las víctimas como arma arrojadiza. Nadie debe vincular a las víctimas a una idea, proyecto o razón política concreta, ni crear falsas expectativas asociando a la condición de víctima derechos políticos partidarios. Debe respetarse la pluralidad de ideas y sensibilidades que, como en el conjunto de la sociedad, también se da entre las víctimas. La solidaridad con las víctimas tiene que ser gratuita y multilateral, debe ofrecerse y aceptarse con independencia de la razón política que cada cual defienda y sin otro motivo que el compromiso con la defensa de la dignidad humana."
ELKARRI.- Propuesta de Código Ético para la Solidaridad con las Víctimas.- 8 de junio de 2004
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Comentario de: Nicolás
Y lo del PP hacen política, ZP hace política... hasta los terroristas, por mucho que los medios no se compartan, hacen política...
Fecha: 06/06/2005 12:47.
Comentario de: Sands
Salu2.
Fecha: 07/06/2005 10:43.



