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Let the river run

Susie Holderfield: Dearly Departed

"Dearly Departed": Susie Holderfield


Las órdenes recibidas por la Unidad de Intervención Policial no daban lugar a interpretaciones. Desde la Delegación del Gobierno se habían dado instrucciones precisas: Se abortaría cualquier reivindicación de la Directiva Marco del Agua que se pretendiera celebrar a las orillas del río. No habría Salto Simbólico al Ebro en la Ciudad del Agua. No sería necesario violentar a quienes se reunieran en las cercanías del puente de la Almozara, pero había que actuar con firmeza. Este año, llegada la Expo a su millón de visitantes, no habría baño reivindicativo; había que impedirlo a toda costa.
-Salgan inmediatamente del agua-, ordenaban los agentes a las personas que habían comenzado a adentrarse en el río.
-Despejen la playa-, repetían a quienes, ya en la orilla de grava, y con el calzado en la mano, se disponían a mojarse los pies.
-Pero… ¿por qué?-, preguntaban las personas concentradas.
-Por motivos de seguridad-, explicaban los agentes.- No tienen ustedes permiso para acceder al río.
-¡Pero si el río es de todos!
-Les hemos dicho que salgan. Salgan inmediatamente.


Sobre el meandro de Ranillas se alza el complejo ExpoZaragoza 2008, con su arquitectura de diseño futurista, sus espectáculos multiculturales, sus funiculares, sus barcobuses, sus colas de visitantes, sus vigilantes, sus VIPS escoltados. Y sus pabellones. Hasta hace pocos días, en el pabellón de Murcia -una gran burbuja azul con estructura metálica geométrica- las visitas eran recibidas con un vídeo en el que se recordaban las palabras que Indalecio Prieto dedicó, en 1933, a quienes entonces se oponían a los trasvases: “Miserables traidores a España”. Tan histórica aseveración, sibilinamente actualizada por el gobierno murciano, ya no puede tener como destinatarios a los mandamases del PSOE, que en la ponencia sobre Cambio Climático de su XXXVII Congreso Federal han celebrado la buena nueva del trasvasismo como base de su futura política hidráulica. Quizás, los miserables traidores a España sean, pues, quienes, vigilados por la policía de la Delegación del Gobierno de la Ciudad del Agua, se han visto obligados a replegarse sobre el puente para no ser acusados de desobediencia a la autoridad.

Al borde de la mañana

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"Sanctuary": Randy Richmond


Apenas un rayo de luz roza los muros de las casas y ya se escuchan las voces despejadas que cruzan el Barrio hacia el Camino Viejo, con las piernas desnudas haciendo de peanas de cuerpos de mil y un volúmenes, coloreados por el Sol que, implacable, se va adueñando de las sendas.

En la Subideta del Carrascal, una sinfonía de jadeos complementa los acordes del agua que, más abajo, golpea las piedras del lecho del río, en desnivel que busca ser cascada, y que no asusta a las grallas que descienden desde sus nidos de la cortada d’A margin Cucha (=de La orilla Izquierda).

En lo más alto, donde las piedras y arbustos forman una barrera natural que convierte el paseo en aventura montañera, la procesión de caminantes detiene su marcha y, una vez aspirados los aromas circundantes y atemperados los pulsos, deshace, en desfile saltarín, el camino andado.

El otro 18 de julio

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"An angel at the roof": Alexander Kruglov


Se cumple este día el 79 aniversario de la inauguración de la estación de Canfranc y la puesta en funcionamiento de la línea del tren.
Precisamente, a comienzo de este mismo mes, el Pleno del Congreso de los Diputados aprobó una propuesta de resolución del diputado de Chunta Aragonesista, José Antonio Labordeta, para instar al Gobierno a realizar las siguientes actuaciones:
Incluir entre las prioridades de trabajo de las próximas “cumbres de los gobiernos español y francés”, la necesidad de establecer los acuerdos necesarios entre ambos ejecutivos, así como recabar ayuda de la Unión Europea, para lograr la reapertura de la “línea de ferrocarril internacional del Canfranc”, así como la mejora de los pasos de carretera existentes y, del mismo modo, conseguir acelerar la puesta en marcha de un nuevo paso ferroviario de Alta Velocidad por el Pirineo central aragonés”.
¿Cuándo cumplirá el Gobierno central esta “deuda histórica” que se tiene con Aragón?.
María ISARRÍA JORDÁN.- Cartas al Director.


El 18 de julio de 1928 el rey Alfonso XIII inauguraba la Estación Internacional de Canfranc, en el paraje conocido como Los Arañones, entre las fortificaciones de Coll de Ladrones y Torreta de Fusileros.

El impresionante edificio, de 246 metros de largo y estilo modernista, con profusión de materiales en madera, hierro, cemento, acero y cristal, con pilastras clasicistas a modo de sujeción ornamental, constaba de 300 ventanas y 156 puertas, bajo una espectacular cubierta curva de pizarra con cimborrio achatado y cuatro pináculos que destacaban su aspecto imponente y, en cierta manera, surrealista, en medio de un paisaje de alta montaña. Dos pasos subterráneos, varios muelles y un depósito de máquinas completaban el conjunto.

El tránsito de pasajeros y mercancías entre España y Francia alcanzó tintes novelescos durante la II Guerra Mundial, convirtiéndose la estación en centro de contrabando, espionaje e intersección genuina para la ayuda mutua entre los golpistas vencedores de la Guerra (In)civil Española y los jerarcas del III Reich, a quienes los primeros proveyeron de volframio a cambio del oro pagado por los segundos, oro que, al parecer, procedía del expolio a los judíos detenidos en los ignominiosos campos de concentración diseminados por la Europa dominada por el nacional-socialismo.

Terminada la contienda, la línea francoespañola se mantuvo (excepto en el período 1945-1949, de mayores desavenencias políticas entre los dos gobiernos) hasta que, en 1970, el derrumbe del puente de L’Estanguet, cerca de Bedous (Francia), al paso de un tren de mercancías, decidió a las autoridades francesas a cancelar las vías que se unían a las españolas.

La estación transpirenaica de Canfranc, declarada monumento histórico-artístico, quedó relegada al olvido y su esplendor de antaño sucumbió ante la desidia de los gobernantes y las duras condiciones meteorológicas de la zona.

En el año 2005, el Gobierno de Aragón y el Ministerio de Fomento alcanzaron un acuerdo económico para iniciar las tareas de rehabilitación, que convertirán el inmueble ferroviario en... hotel de lujo, con unas características diferentes a aquellas que le dieron la categoría de Bien de Interés Cultural de Aragón.

De la memoria eidética

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"Room Of Illusions": Alan King


A la derecha de la antigua pista -ahora asfaltada- que sube hasta la pardina Furtasantos, a medio camino entre el cementerio y la ermita de la Virgen Negra, se halla el recién inaugurado Complejo Deportivo; con esa denominación consta en las actas del pleno que decidió en su día, y en asamblea, su construcción. En el Barrio, donde cada campo, casa y recoveco posee un nombre cuyo origen se pierde en el tiempo, a las nuevas instalaciones se las sigue llamando La huerta Blanquiador.

El último dueño de Casa O Blanquiador, propietario, también, de la huerta homónima, vendió esta última al Ayuntamiento y la casa a la señorita Valvanera, la vieja maestra, respetando así la voluntad de su tío Pepito, que, ya en vida, legó a su pariente sus posesiones con la única condición de que nunca fueran vendidas a personas ajenas al pueblo.

Pepito de Blanquiador, hombre del que siempre se habla, en el Barrio, con admiración y respeto, nació con el siglo XX, único hijo de la señora Severiana y del señor José, originarios del Valle de Aquilué. El oficio del señor José, que se dedicaba a revocar fachadas y a encalar y pintar paramentos, dio nombre a la casa familiar, Casa O Blanquiador (=en aragonés, pintor de brocha gorda).

Pepito, que desde niño dio pruebas de su capacidad creadora, convirtió en arte el oficio de su progenitor y de sus hábiles manos surgieron retratos, esculturas, tallas y artísticas forjas; de estas últimas, el portalón de hierro del cementerio y la propia puerta de acceso al novísimo complejo deportivo -que lo fue, también, de la antigua huerta- son una muestra de su talento y originalidad, con complicados arabescos, rosetones y entramados que trabajó, con pulcritud, precisión y mimo, en su taller artesanal -todavía conservado-, donde la fragua y el banco de carpintero fueron testigos de las horas robadas al sueño para compaginar el oficio llevado a medias con su padre y las ideas surgidas de su cerebro y plasmadas sobre papel, lienzo, arcilla, yeso, bronce, madera y hierro.


El 6 de julio, coincidiendo con el 25º aniversario de la muerte de Pepito, se inaugurará, en la Asociación de Cultura Popular, la pequeña sala de exposiciones que llevará su nombre: Sala "Pepito de Blanquiador", donde se expondrán los dibujos, pinturas, tallas y trabajos artesanales que el artista regaló a sus convecinos y convecinas a lo largo de su prolífica vida artística

Destellos en la memoria de las hojas de abril

april

"April": Éva Gabriella Révész


Apenas un cuarto de arco iris se proyecta sobre el lecho herbáceo de la pardina Gabarre, allí donde la memoria colectiva recuerda a mosén Ramiro, el cura viejo, arrodillado en el desaparecido esconjuradero, gritando, hasta enronquecer, la letanía pseudorreligiosa que terminaba con el invariable: “¡Au d’astí, au d’astí, au d’astí!" (=¡Fuera de aquí!), preludio de la calma tras las durísimas embestidas de los elementos de la Naturaleza.

En una única piedra grisácea -islote inanimado entre un mar de tallos flexibles que aromatizan el terreno- con un desigual motete pintado por manos anónimas, se hallan acumulados los vestigios de tormentas, rayos, culebrinas, ventiscas, vendavales, que bruxas y diaples (=brujas y diablos) descargaron sobre el Barrio en constante pulso entre las fuerzas de la Naturaleza y las fuerzas humanas, aunadas estas últimas en la pequeña fortificación desde donde las palabras acuchillaban las sombras para que, a través de la herida, entraran los rayos del Sol y distribuyeran sus serenas caricias.


Au d’astí, au d’astí, au d’astí!


Bascués, la cigüeña veterana, camina, señorial, por la pardina humedecida, atenta al devenir de las bêtes sur l’herbe y los ratones de campo que asoman sus ojuelos a la gozosa claridad de la mañana.

Los verdes valles del Edén

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"Drumlaheen": Douglas Ross


[...]Uno, en su ingenuidad, pensaba que la democracia no permitiría destrozos como este, basado en el enriquecimiento de unos pocos y el silencio cómplice de bastantes.
Lo más terrible es el silencio. La naturaleza necesita una voz que la defienda, y ahora más que nunca, cuando quienes tienen la obligación de defenderla se han convertido en sus mayores depredadoras. Vosotros, amigos, sois esa voz. La voz que nunca acallaran.
Hace más de un siglo Jhon Muir, uno de los padres del conservacionismo, puso de relieve la necesidad que tenemos de conservar los parajes naturales para que todos podamos admirarlos, para enriquecernos con su contemplación estética y moral. Por eso resulta tan desolador comprobar que esta agresión venga de un sistema que se considera democrático y justo e, incluso, de partidos que se consideran progresistas. ¿Este destrozo puede considerarse progreso?
La civilización y el progreso es justo todo lo contrario: contención y conservación.
Quizás a lo peor es que ya nadie es lo que dice ser. O quizás, Marbella, Seseña, Mallorca y Espelunciecha son el resultado de un mismo problema: la especulación urbanística, la codicia, la insensibilidad medio ambiental y la falta de transparencia.
Las montañas son mucho más que las rugosidades de la Tierra. Son la suma de su majestuosidad y belleza, del sentimiento que les hemos otorgados los caminantes y los alpinistas, y del poso cultural que han provocado. Por eso nuestros políticos deberían tomar nota de Muir, que nos descubrió que la naturaleza tiene un componente cuasi religioso. Debemos entrar en ella como se entra en un templo: con respeto. Y lo puso de relieve con una frase que hoy tiene más sentido que nunca: “El sol no sólo brilla sobre nosotros, sino dentro de nosotros”[...]
-Sebastián Alvaro, en la IV Concentración en Defensa de las Montañas-


Aramón, empresa destructora en la que participa el gobierno aragonés, sigue ampliando su acción demoledora sobre el paisaje gracias a las mercedes recalificadoras del suelo propiciadas por voraces ayuntamientos que convierten en urbanizables terrenos que, en el Plan General, no tenían esa consideración pero que fueron recatalogados una vez la empresa semipública realizó las compras pertinentes.

Así, el alcalde de Montanuy, socialista en siglas y entusiasta convencido de que lo verde sólo vende si forma parte de urbanizaciones con vistas, ha cedido suelo de competencia municipal para que la empresa semipública pueda llevar a cabo la labor para la que fue creada: Arrasar el paisaje natural -con dinero público gentilmente prestado por el propio gobierno aragonés, su todopoderoso socio- para crear espacios de ocio con casitas, apartamentos, accesos de rutilante chapapote, restaurantes, hoteles, remontes...

Tres mil quinientas viviendas y una estación de esquí -las primeras servirán para financiar la segunda- que, según el alcalde -socialista- del ayuntamiento cedente tienen como único fin “crear puestos de trabajo para desarrollar la zona y fijar población”.

Como medida de gracia el Sr. Alcalde ha decidido que la recalificación definitiva se llevará a cabo tras las elecciones "para que los ciudadanos puedan estudiar el contenido del plan urbano y decidir con su voto si apoyan o no la recalificación".


Sobran las justificaciones y alegatos tras lo sucedido -ay, Aramón, Aramón- con Espelunciecha.

El Fosal de la Reineta

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"Wither": Randy SnowDog Monteith


...y aun guarda la sierra, bajo las noches mágicas de tantos solsticios y equinoccios transcurridos, la memoria de Dulcis, la Reineta, la hermosa hechicera que recorría los espacios habitados del Prepirineo con sus pócimas, bebedizos y ritos sanadores, ocultando su humana condición, a ojos desconocidos, bajo la apariencia de una joven rabosa (=en aragonés, zorra), y a quien una partida de pastores acechó y dio muerte a golpes de cayado, juzgándola autora de devastadoras acometidas contra ovejas y corderos.


Serpenteando el gortón (=en aragonés, huerto pequeño) de Casa Berches se abre un sendero limpio de maleza y guijarros trazado a fuerza de ejercer los pies humanos un indebido derecho de paso que los dueños del terreno jamás vetaron, aun cuando los años de continuo trasiego hurtaron a legumbres y hortalizas parte de su territorio. El Alcuerce (=en aragonés, atajo) Berches -que así es llamado- se une, ya en los límites del Barrio, con la pista que asciende o desciende en diferentes bifurcaciones; una de ellas, la que está señalada por un amojonamiento de piedras firmemente unidas con argamasa, lleva al esforzado caminante por una pendiente que, atravesando la torrontera, termina en un terreno casi circular, de arbustos diseminados, cerrado en su parte norte por una pared pétrea desde cuyo repecho superior algunos buitres inician un vuelo lento, circunvalando el que un día fue su comedero: el Fosal de la Reineta. Tiempo atrás, se dejaban en el fosal los cadáveres de los animales para que los elementos y seres de la Naturaleza completaran su tarea, y sólo la prohibición de dejar a la intemperie los animales muertos finiquitó un acuerdo, nunca firmado pero siempre respetado, entre los buitres y el Barrio. Las aves, no obstante, siguen visitando el fosal, conocedoras, acaso, de que, por encima de leyes restrictivas, siempre hay algún humano dispuesto a desobedecer aquellas y devolver al Fosal de la Reineta su destino de buitrera.

Horizonte húmedo

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"A place for thoughts": Gun Legler


A la casa del tío Inazio, el del molino de aceite, se la llama Casa O Medianero. El tío Inazio nació en Mediano, el pueblo sumergido, hace ocho décadas, pero lleva más de sesenta años en el Barrio, a donde llegó para prestar servicios de peón caminero y ayudante del molinero viejo. Cuando el tío Timoteo, el molinero viejo, falleció, el tío Inazio heredó las tareas del trujal, ejerciendo también de alguacil. Todavía se recuerdan en el Barrio los ecos de la chuflaina que precedían al vozarrón del tío Inazio anunciando los bandos de la Alcaldía o su todopoderoso corpachón en la porteta del molino, apuntando con un pizarrín los turnos para que las familias llevaran las olivas. Cuentan que se hicieron famosas, por repetitivas, las falsas correspondencias entre kilos de olivas depositadas y litros de aceite resultantes -siempre en beneficio de las familias que menos poseían-, aunque jamás los perjudicados se atrevieron a encararse con aquel gigante, del que, en hipérbole montañesa, se decía que era capaz de alzar, con la fuerza de un solo brazo, la piedra voladora del alfarje sin el menor resoplido.


El tío Inazio, pese a los años, conserva todavía su aspecto de ogro legendario de los cuentos infantiles y, al igual que en las mágicas historias, bajo ese barniz de fiereza habita un ser sencillo y tierno del que dan fe sus ojos grises, tan vivaces, que parecen haber quedado exentos del paso del tiempo.


Dejábanse vencer por las lágrimas los ojos del tío Inazio, arriba, en el tozal, mientras compartía con otras gentes soñadoras el homenaje a las montañas, mirando al Norte -siempre al Norte- desde la humilde sierra prepirenaica que parecía ponerse de puntillas para saludar a sus hermanas, las cumbres de los Pirineos.
...Y acaso el aire transportó las voces más allá del ventisquero y se estremecíeron las desoladas piedras del pueblo sumergido.


A merced del tiempo

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"La moza del perol": Ricardo Compairé


La señorita Valvanera, la antigua maestra, lleva desde junio de mil novecientos setenta y dos manteniendo y ornamentando el nicho donde reposa Marisefa, la niña merchera que pereció ahogada en los Sifones. La veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio -que nunca coincidió con Marisefa porque sus respectivas familias acampaban en la explanada del barranco en diferentes épocas del año- mandó sustituir, hace apenas unos meses, la lápida, algo deteriorada y anodina, por otra de mármol blanco ligeramente moteado y con un sorprendente trabajo en relieve donde se observa una paloma posada sobre una rueda de carro -símbolo de los nómadas-.


La familia de Marisefa se dedicaba, amén de a la venta ambulante, a un oficio de los ahora llamados perdidos: el vareo de la lana de los colchones al objeto de hacerlos más mullidos. Para ello, se golpeaba rítmicamente la lana depositada en el suelo con unas varas largas y convenientemente delgadas hasta obtener un buen volumen que se extendía sobre la tela rectangular que servía de base para, a continuación, colocar sobre la lana otro rectángulo de tela que se cosía a la base con fuertes puntadas por los laterales, mientras por la parte central se introducían, a través de unos agujeros hechos ex profeso, unas cuerdas trenzadas o lisas firmemente anudadas que atravesaban el colchón de parte a parte y mantenían la lana prieta e inmóvil en su interior.


Los padres de Marisefa abandonaron el Barrio tres días después del entierro de la chiquilla. Nunca regresaron. Durante unos años intercambiaron comunicaciones epistolares con la señorita Valvanera que, poco a poco, fueron espaciándose hasta interrumpirse. Pero ella, la vieja maestra, no ha perdido la esperanza del reencuentro y todas las semanas deposita flores frescas en la pequeña repisa del nicho de mármol blanco.

El río que nos lleva

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"Nabata por el Gállego": Coord. Biscarrués-Mallos de Riglos


Acaso crecía el río con el caudal de lágrimas que urgían a la nieve a fundirse y deslizarse por el desnivel sinuoso que encajona y protege el magno curso de las aguas bravas. Y parecían erguirse, rutilantes, los islotes pétreos que el tiempo y el ímpetu acuoso convertirán en guijarros durmientes en el lecho señorial de las badinas.

Y ella, en la nabata, con los pies humedecidos de caricias y el torso convertido en bandera de esperanza del río que nos lleva.


Se elevaba a la atmósfera festiva -desde los amados vericuetos del Reino de los Mallos- el acompasado rugido de las voces veinte años desgañitándose contra el amenazante pantano.

De los sucesos cotidianos

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"New Forms.- Le Cri": Philippe Abril


"Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. me detuve, me apoyé en la valla, indeciblemente cansado. lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza".- Edvard Munch


...y aúlla...


Cuando la longitud de las modernas grúas compite con la majestuosa alzada de las cumbres. Cuando la hondonada que oficiaba de cabañera se transforma en vertedero incontrolado. Cuando la fauna silvestre yace, cual fúnebres mojones inanimados, a lo largo de la carretera. Cuando una aberrante alfombra renegrida sustituye los bosques de coníferas. Cuando entre la especulación y el sentimiento bucólico no hay un equilibrio razonable.


...y se defiende.


El cor del temps

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"Wooden wings": Kruglov Alexander

Los ojos del público se asoman, fascinados, al ventanal abierto por el proyector en la pared norte del salón multiusos, mientras la voz pausada de monsieur Lussot hilvana, con cada imagen, las vivencias acumuladas en sus recorridos de tantos años por los tozales, cañones y barrancos de la Sierra.


Una bandada de grullas -grallas, dice él, en homenaje a la lengua del vecindario- en perfecta formación sobre la ermita de San Úrbez de Nocito; una pareja de chovas piquirrojas posadas sobre la aromosa alfombra de tremoncillo (tomillo) que rodea el Treviño de Adahuesca o varios arrendajos cobijados en la milenaria carrasca de Lecina.


Monsieur Lussot -voluntarioso caminante, espléndido fotógrafo y entretenido narrador- acude, como cada año, a las Jornadas Culturales del Barrio, con sus magníficos álbumes de diapositivas de la Sierra de Guara, escrupulosamente ordenados por temas.

Las últimas imágenes proyectadas muestran una vertiginosa panorámica de foces, roquedales, pozas y picachos blanqueados para los que monsieur Lussot y la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio -que suele ayudarle en las proyecciones- han elegido una canción de María del Mar Bonet cuya letra se ha repartido, traducida al castellano, entre los asistentes.

Planea, en esa armoniosa voz femenina que parece surgir de la propia Sierra, el recuerdo de Didier, hijo de monsieur Lussot, que pereció hace unos años en un accidente de montaña en el Couloir de Gaube:


(...)
Bon ocell, porta’m amb tu al país
d’altres temps, sigues el meu amic.
Com abans, en somnis clars d’infant,
estels i més estels collirem tremolant.

Com abans, en somnis clars d’infant,
com abans, damunt d’un núvol blanc,
com abans, tu i jo el sol encendrem
i a l’illa del record la pluja llançarem...

L’ocell negre tombà els ulls al sol,
cap al cel tot d’una emprengué el vol.

Venus en el bancal

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"Venus Mix": Charles Csuri


Todavía quedan, en el bancal que desciende hasta la orilla pedregosa del río, restos de la losa que antaño fuera concurrido lavadero natural del Barrio, levemente inclinada sobre una poza hacia la que resbalaba un finísimo y continuo reguero de agua del Manantial de la Mora. Decíase que tras el discreto hoyuelo abierto en la montaña, las fadas lavanderas susurraban conjuros que el agua depositaba en las manos de las mujeres que maceraban, aclaraban y escurrían la ropa, dotando a aquellos miembros encallecidos de sorprendentes habilidades. Así, en épocas de escasa cosecha y epidemias de ganado, se reunían las mujeres en el lavadero, extendiendo las manos hacia la poza, y acudían a cientos las madrillas, proporcionando el alimento suficiente para que las familias se zafaran del hambre.


Señalan, todavía, las más ancianas del Barrio, la zona del bancal -la más próxima al río- donde se prendía, de noche, la hoguera para el caldero de sosa; en él se deshacían y burbujeaban desechos de aceite y tocino, dando lugar a un oloroso mejunje que, una vez depositado en la cajoneta, enfriado, solidificado y cortado en forma de ortoedro, se repartía a modo de preciadas piezas de jabón entre las asiduas aprendizas de maga del Manantial de la Mora.

Monsieur le clochard

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"Humanscapes": Nathan Brusovani


-¿Os acordáis de monsieur le clochard?-, pregunta mi amiga, la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio.
La mayoría de las tejedoras, reunidas en el salón para preparar la exposición de Nochebuena, asiente, tal vez recordando aquel otoño de la edad de la inocencia cuando la veterinaria, entonces una niña, regresó por tercer año consecutivo al Barrio, al campamento de romaníes franceses que se instalaba en la explanada mientras duraba la temporada de vendimia.


La señorita Valvanera, la maestra, acogía con afecto -y, según algunas madres del Barrio, con excesivo empalago- a las siete u ocho criaturas del campamento que acudían a la escuela un número indeterminado de jornadas para marchar de nuevo a otras tierras y otras escuelas, allí donde las llevara la trashumancia laboral de sus familias. Pero siempre volvían al Barrio.


-Mam’zelle Valvanera, este verano hemos hecho deberes con monsieur le clochard-, dijo un día la veterinaria, niña aún, a la maestra.
-¿Quién es el señor Clochard?-, se interesó la maestra.
-Sais pas moi. Llegó un día y se quedó con nosotros.


Monsieur le clochard, apelativo que sustituyó el patronímico ignorado de aquel buen samaritano, era un ferrolano cincuentón, errabundo, políglota y de inteligencia cultivada que se había unido a la caravana romaní a finales del otoño anterior. A cambio de comida y alojamiento, se ocupaba de infundir en la chiquillería la curiosidad suficiente por lo que, en aquellos años, se denominaba, casi con veneración, cultura general.


El siguiente otoño, cuando volvieron los gitanos a su lugar en la explanada de la otra orilla del barranco, monsieur le clochard ya no iba con ellos. Hombre inquieto y vagabundo por convicción -que así lo definía la señorita Valvanera- trazó un nuevo itinerario dejando en la roulotte donde pernoctaba una muda escrupulosamente doblada y un ejemplar, en encuadernación de lujo y edición en francés, de El vagabundo de las estrellas, de Jack London, que la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio regaló, muchos años después, a la maestra el día que ésta se jubiló.

Del salón en el ángulo oscuro

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"The Falling at the Evening": Mirko Barone


-Cierro los ojos, me impulso y vuelo- decía, sin levantar la vista del entramado de petit point en el que la aguja y el hilo tatuaban marcas coloristas e indoloras.


Mirábala yo desde el lado en penumbra de la sala de lectura -en el ángulo oscuro del salón becqueriano- donde se relega a los parroquianos que no forman parte del grupo de tejedoras, y la imaginaba al borde de la cama, preparando su cita con el sueño, apretados los párpados a la realidad circundante y rindiendo la tensión de las mejillas al sopor repentino.


Veíala difuminarse en el estuco blanqueado de la alcoba para hacerse fugazmente visible en los aleros donde combaten el frío los gorriones y ascender, junto a los espantabruxas, asida a las esporádicas volutas de humo rezagado que el viento conduce hasta la sierra.


Adivinábala entre las aliqueras, jugando al escondite con los cárabos, lechuzas y murciélagos que ejercen de maestros de ceremonia de los espiritus sonámbulos temporalmente evadidos de la esclavitud cotidiana.

Paraísos acotados

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"Protected #3": Randy Richmond


Entre las excavadoras que han avasallado el prado que limita con el cortado abierto al río, se vislumbran las siluetas de los cérvidos que, tradicionalmente, se llegan hasta las inmediaciones del Barrio para acometer los brotes que los frágiles rayos de Sol parecen señalar bajo la rosada. Son tres, aún gabatos, que trotan entre la maquinaria, mientras el más viejo -el de señorial cuerna ósea, con innumerables puntas- permanece apartado, en atenta quietud, con el hocico apuntando hacia donde las chimeneas señalan la presencia humana. Quizás el macho viejo huela la fatalidad en las amarillas moles mecánicas que han empezado a despojar la tierra de su atrayente tapiz verdoso, en imparable conquista de los reductos silvestres que se extienden a los pies de la sierra.


Y en la valla de tablillas que pacientemente construyera el señor Juan, el cierzo sacude la pancarta que muestra el primer y tímido conato de resistencia del Barrio a la expansión del cemento.


Speculum cordis

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"Loveletter": Christel Dall


Las chimeneas del Barrio arrojan bocanadas de fumata negra, anunciando el cambio de mes y la llegada oficial del frío -atraviesa el Sol otoñal la etérea niebla matutina y se posa en los brazos desnudos de las mujeres andariegas que se adentran en la vereda con zancadas rítmicas sobre el lecho de hojas todavía humedecidas-.


(…)

Frente al pinar que llora al pueblo sumergido en el desalmado pantano, se engalanan los cipreses del cementerio, observando, desde su privilegiada altura, el sendero pedregoso que asciende hasta el portalón de hierro.


(…)

Ajenos al toque fúnebre de la vieja campana de la ermita, los estorninos desayunan en su campo favorito mientras los gatos vigilan, entre bostezos y bufidos, el vuelo rutinario de los gorriones.


Y bajo el paraninfo nebuloso sobre el que intuyo tu presencia (in)corpórea, alzo el rostro a la indiferente estratosfera con el indisimulado anhelo de sentirlo laureado con el lene roce de las yemas de tus dedos.

Paul Eluard écrivait ton nom

atthecemetery

"At the Cemetery, Havana Cuba": Herve Constant


Sur mes cahiers d'écolier
Sur mon pupitre et les arbres
Sur le sable de neige
J'écris ton nom

Sur les pages lues
Sur toutes les pages blanches
Pierre sang papier ou cendre
J'écris ton nom

Sur les images dorées
Sur les armes des guerriers
Sur la couronne des rois
J'écris ton nom

Sur la jungle et le désert
Sur les nids sur les genêts
Sur l'écho de mon enfance
J'écris ton nom

Sur tous mes chiffons d'azur
Sur l'étang soleil moisi
Sur le lac lune vivante
J'écris ton nom

Sur les champs sur l'horizon
Sur les ailes des oiseaux
Et sur le moulin des ombres
J'écris ton nom

Sur chaque bouffées d'aurore
Sur la mer sur les bateaux
Sur la montagne démente
J'écris ton nom

Sur la mousse des nuages
Sur les sueurs de l'orages
Sur la pluie épaisse et fade
J'écris ton nom

Sur les formes scintillantes
Sur les cloches des couleurs
Sur la vérité physique
J'écris ton nom

Sur les sentiers éveillés
Sur les routes déployées
Sur les places qui débordent
J'écris ton nom

Sur la lampe qui s'allume
Sur la lampe qui s'éteint
Sur mes raisons réunies
J'écris ton nom

Sur le fruit coupé en deux
Du miroir et de ma chambre
Sur mon lit coquille vide
J'écris ton nom

Sur mon chien gourmand et tendre
Sur ses oreilles dressées
Sur sa patte maladroite
J'écris ton nom

Sur le tremplin de ma porte
Sur les objets familiers
Sur le flot du feu béni
J'écris ton nom

Sur toute chair accordée
Sur le front de mes amis
Sur chaque main qui se tend
J'écris ton nom

Sur la vitre des surprises
Sur les lèvres attendries
Bien au-dessus du silence
J'écris ton nom

Sur mes refuges détruits
Sur mes phares écroulés
Sur les murs de mon ennui
J'écris ton nom

Sur l'absence sans désir
Sur la solitude nue
Sur les marches de la mort
J'écris ton nom

Sur la santé revenue
Sur le risque disparu
Sur l'espoir sans souvenir
J'écris ton nom

Et par le pouvoir d'un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer

Liberté

PAUL ELUARD
LIBERTÉ, 1942

Síndrome de Diógenes

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"Learning to Swim": Kristen Ernst


A la señora Felisa la llaman abuela todos –abuela Felisa-. Excepto sus nietos. Tiene tres, ya mayores, que muestra, en una fotografía desteñida, subidos sobre un pony claro con pintas oscuras. Mis nenes, los llama.

Cada mañana la abuela Felisa desciende por la barbacana del vertedero y rebusca, con una vara de almendro, entre los detritus malolientes, disputándoles a las ratas los despojos que ocultan sus hediondas moradas. Pero ellas, tan viejas como la propia abuela, la dejan hacer con una benevolencia que parece vedada a los humanos parientes de la anciana. Se quedan quietas sobre los montículos de basura mientras ella recoge, con las manos desnudas, los objetos más estrafalarios que, una vez pulidos, se unirán a la colección de cachivaches insólitos que decoran -como ella dice- las habitaciones de su casa.

La abuela Felisa no es pobre. Tiene una holgada pensión domiciliada en la Caja de Ahorros que apenas mengua de un mes a otro. Para los nenes, asegura satisfecha. Los nenes, que le sonríen desde esa lejanía congelada sobre papel fotográfico. Los nenes, que jamás descendieron del pony con pintas para llenar de jolgorio infantil el corazón y los destartalados aposentos de la abuela. Los nenes, a los que ella espera inútilmente mientras la vara de almendro y las ratas acompañan sus leves pasitos sobre las pirámides de desechos.

Susurros tras las ojivas que retienen tu imagen

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Allegro moderato para que el tímido rayo de Sol que se embelesa mientras yaces en ese preludio de melancolía, al que no tengo acceso, no retraiga el pincel luminoso y borre las huellas del tiempo amorosamente consumido.

Sortilegio de estío sobre una toalla

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“Shy Venus”: Tomasz Rybak


En la puerta del recinto se quedó el lado oscuro de la existencia ajena: accidentes, suicidios, asesinatos, catástrofes, hambrunas, conflictos, podredumbres… Si acaso se coló, saltando el muro ornamentado de hiedra, alguna lágrima sobrante que aterrizó en el césped y fue rápidamente absorbida.



Amalgama de cuerpos arañados por la canícula en la orilla asfaltada del agua aromatizada con dióxido de cloro.



Dos gorriones grises, panzudos atraviesan a saltitos la senda de las toallas buscando la fugaz sombra de los parterres recién regados, mientras un batallón de moscas toma posiciones y siete u ocho abejas aturdidas se instalan junto al caño metálico de la única fuente.



Se detiene el tiempo y los pensamientos dormitan extendidos en las toallas, voluntariamente ajenos a los embates de la realidad al otro lado del muro.

Realidad alternativa

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"Alternative reality": Oliver Wetter


Contempló su propio rostro en el espejo del cuarto de baño: Ojos con brillo de tormenta veraniega debajo de las abundantes curvas selváticas de las cejas y la pigmentación oscura de su piel, todavía más marcada por las largas caminatas matinales bajo la omnipotencia de los primeros rayos del Sol.
Rebuscó entre las escasas prendas amontonadas en el ropero de un solo cuerpo y eligió un anodino conjunto comprado la semana anterior en la sección de restos de serie de unos grandes almacenes y se colocó, a modo de bandolera, el desgastado macuto de su época de estudiante.
Caminó por las calles con el cuerpo a la deriva y la mirada hacia adentro, ajenos los oídos a las estridencias callejeras, con el ensimismamiento dibujado en las invisibles huellas de sus zapatos por las transitadas aceras. Y, de pronto, aquella mano, aferrada a su brazo derecho como una argolla inquisitorial, que dejó suspendida su abstracción en el esófago y la hizo respingar mientras volvía el rostro con una brusquedad que le lastimó los músculos del cuello.
-El semáforo. Está rojo, señora-, le dijo el muchacho mientras aflojaba la presión de su mano en el brazo de ella.
La mujer le sonrió mientras sus sentidos tomaban conciencia del mundo circundante y, por unos momentos, se acordó del joven electricista brasileño cuya ejecución pública había sido calificada por el jefe de la policía londinense como trágico error.

Moonbath

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“Eye and Mind”: Obra de Charles H. Carver


Nos desprenderemos de los prejuicios impuestos con los que pretenden uniformarnos quienes se arrogan el ser garantes de nuestro presente y aun de nuestro futuro. Y, así, despojados y despojadas de cualquier vestimenta asfixiante, dejaremos que el reflejo de la luz solar en el grisáceo polvo de Selene sea el oleaje que despierte, con rítmico vaivén, nuestros cuerpos.



"Con tu puedo y mi quiero, vamos juntos...Compañero, compañera..."

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Impulso

Richard Wazejewski

Obra artística de Richard Wazejewski


Quedáronse enterradas en el limo las solitarias congojas y las tristezas compartidas. Nos desprendimos de la onerosa masa de las penas y renacimos de entre las lágrimas con el ímpetu de la esperanza inyectado en el espiritu.

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Reflejos

Sergio Abaldi

“El eterno grito de la existencia”: Fotografía de Sergio Abaldi


Errabundo. Quimérico. Utópico. Alegórico. Emotivo. Apasionado. Infatigable.

Me miraba en el charco de mi consciencia buscándome las prendas más valiosas para rellenar con ellas mi mochila de las vivencias cotidianas, esas que arrastro entre tejados, tapias y troncos de árboles añosos.

(Ya lancé a las grises arenas movedizas el pesado fardo del rencor y cierta dosis de perversidad, mas no pude evitar que algunas células persistentes quedaran prendidas a la energía -negativa- que, en algunas ocasiones, aflora a mis pupilas oscureciendo el nítido reflejo de los gratos momentos vividos).

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Memoria invicta

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"Desierto Azul": Fotografía de Jesús Encinar


...Y me acomodé con onírica nocturnidad y amorosa alevosía en el hontanar sagrado donde la Muerte, desdeñosa, creyó vencer nuestra impetuosa resistencia.

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Preludio visual del País de las Hadas

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Fotografía realizada por Gerhard Singer


...y sobre un gélido lecho de agujas de pino, tu corazón, en perenne duermevela, tal vez escuche el leve murmullo de mis pies libres acariciando los primeros brotes de hierba que, aún temblorosos, asoman entre el hielo.

Anudando eclipses para la Reina de Guara

Por no tenerte

Pintura de Justina Fuentes


(...)...aún creo en otra primavera de golondrinas becquerianas y romanceros gitanos...



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