Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.

Resumen

Time holds its collective breath

sisyphus

"Sisyphus": Randy Richmond


La empresa constructora de la urbanización que ha destruido el mejor prado próximo al Barrio, ha alquilado la última casa de la Calle Baja -a menos de cien metros de donde las excavadoras y dumpers devastan el paisaje- para vivienda del guarda. Éste, un jovenzuelo mal encarado, se pavoneaba en el salón multiusos, ante los jubilados que aprovechan la hora del café para echar la partida de guiñote. “No va a haber c… para seguir con las gamberradas”, afirman que decía.


En los últimos fines de semana habían venido sucediéndose algunos percances que el ingeniero de la empresa denominó “actos vandálicos realizados por los mismos que han rodeado el terreno con pancartas insultantes, y de los que tendrán que dar cuenta porque hemos presentado la correspondiente denuncia”. La respuesta del señor Juan, dueño de los campos colindantes con las obras y guardián voluntario de las pancartas de protesta colocadas sobre su propio cercado, fue interponer una denuncia contra el ingeniero por calumnias, demanda que se suma a la ya presentada por la veterinaria que se ocupa de la salud de los gatos del Barrio, que acusó al conductor de un dozer de haberla agredido -al parecer la sacó a empujones de la máquina en la que se había subido para evitar que el hombre continuara embistiendo los árboles que delimitan la pista forestal-.

Estos sucesos han convertido las (polémicas) obras del prado en tema preferente de las conversaciones del vecindario, despertando el mismo apasionamiento que la permanente amenaza del proyectado embalse.

Venus en el bancal

venusmix

"Venus Mix": Charles Csuri


Todavía quedan, en el bancal que desciende hasta la orilla pedregosa del río, restos de la losa que antaño fuera concurrido lavadero natural del Barrio, levemente inclinada sobre una poza hacia la que resbalaba un finísimo y continuo reguero de agua del Manantial de la Mora. Decíase que tras el discreto hoyuelo abierto en la montaña, las fadas lavanderas susurraban conjuros que el agua depositaba en las manos de las mujeres que maceraban, aclaraban y escurrían la ropa, dotando a aquellos miembros encallecidos de sorprendentes habilidades. Así, en épocas de escasa cosecha y epidemias de ganado, se reunían las mujeres en el lavadero, extendiendo las manos hacia la poza, y acudían a cientos las madrillas, proporcionando el alimento suficiente para que las familias se zafaran del hambre.


Señalan, todavía, las más ancianas del Barrio, la zona del bancal -la más próxima al río- donde se prendía, de noche, la hoguera para el caldero de sosa; en él se deshacían y burbujeaban desechos de aceite y tocino, dando lugar a un oloroso mejunje que, una vez depositado en la cajoneta, enfriado, solidificado y cortado en forma de ortoedro, se repartía a modo de preciadas piezas de jabón entre las asiduas aprendizas de maga del Manantial de la Mora.

Dies Irae

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"Lament": Bev Hodson


La enajenación ideológico-político-religiosa siempre cercena el futuro ajeno para aplacar a los dioses de la intolerancia.


"Yo, al escribir no hago literatura; escribo sujetándome el hígado o apretándome el corazón".- Ramón Acín


Aeternalis

Dryad

"Dryad": Meredith Bricken Mills


No te buscaré en la marmórea gruta en cuyo umbral fenecen, con los tallos dolorosamente sajados, las rosas que poblaron tus días contados, sino en el haz orgulloso de las hojas perennes cuya savia rutila en las inasibles cabelleras de las ninfas que ayudan al cierzo a pronunciar tu nombre.

Preludio de la Primavera

almelo1

"Almelo1": Gerhard Katterbauer


Desde el tozal abierto a la laja donde se deposita la comida para los quebrantahuesos, se divisa la extensión rupícola de la Bal d’Onsera, con sus agrupaciones de pinos silvestres, sabinas, nogales y buxos, en caprichosa distribución, y el cauce de los barrancos que serpentean, se unen y se bifurcan, en mágico congosto, entre matorrales que parecen lanzar sus ramas de una pared rocosa a otra para resguardar el suelo pedregoso de los rayos solares.


Antaño, la bal fue territorio de osos, que encontraban en sus vericuetos idílicos covachos y abrigos para la hibernación. Los sueños úrsidos en la bal eran preludio de nieve y heladas en la Sierra de Guara, que únicamente se atemperaban cuando l’Onso -el macho más fuerte- despertaba y reanudaba su actividad. El rito de los habitantes de la Sierra para hacer que el invierno finalizara consistía, pues, en incitar a l’Onso -mediante gritos, cánticos y repiques de esquillas- a salir de su madriguera para adelantar la llegada del tiempo benigno y calmar, así, la brutalidad de la Naturaleza.


Extinguiéronse los osos de la Bal d’Onsera y la pueril argucia de los montañeses para combatir a las fuerzas de la Naturaleza trocose en lúdicas Carnestolendas que todavía conservan dos elementos del antiguo ritual: El incesante ruido de las esquillas y la degustación colectiva de los crespillos, deliciosos postres hechos con hojas tiernas de borraja bañadas en leche y huevo batido y rebozadas con harina, que se fríen en aceite de oliva y se sirven ligeramente espolvoreadas con azúcar.




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